CONTRACTURAS, PROBLEMAS DE ESPALDA, ARTROSIS... ¿QUÉ TIENEN EN COMÚN? ¿QUÉ SE PUEDE HACER?


Las contracturas, los problemas de espalda, la artrosis y todas las patologías músculo-articulares tienen en común el exceso de tensión y el acortamiento muscular.


Los músculos son los encargados de todos los movimientos que realizamos con el cuerpo: andar, correr, comer, respirar, etc. sus extremos se transforman en tendones donde se sujetan fuertemente al hueso, y al contraerse tiran de él realizando el movimiento.


Ante una contractura, problemas de espalda, artrosis, etc. nos encontramos que los músculos responsables están excesivamente contraídos, y no solo ellos, sino que toda la cadena muscular se encuentra contraída. Destacamos en primer lugar las malas posturas que generan una posición inadecuada en una parte de esta cadena, afectando a todo su conjunto y generando tensiones y acortamientos en los músculos. Estos repercuten sobre los huesos donde se insertan, tirando de ellos y produciendo con el tiempo una patología ósea, siendo su origen una tensión excesiva sobre toda la cadena muscular. Por este motivo, al realizar un trabajo dirigido solamente hacia una parte concreta del cuerpo, donde se encuentra el dolor, puede suceder que aparezca una mejoría temporal y que en poco tiempo el dolor vuelva porque no se ha tenido en cuenta el origen del desequilibrio físico, su causa. Por ello, al realizar un trabajo global, se resuelve no solo el dolor, sino que también su origen, consiguiendo cambios duraderos.


¿Qué son las cadenas musculares?


Françoise Meziérès, fisioterapeuta de medianos del siglo pasado, viendo las diferentes patologías, observó que todas tenían un patrón parecido: la mala posición corporal y el acortamiento de los músculos, tanto los afectados directamente como los otros situados a mayor distancia. Se dio cuenta de cómo el movimiento en una parte del cuerpo repercutía en toda su totalidad debido a que los músculos están unidos unos a otros, entrelazados en sus extremos formando una gran cadena muscular, desde la planta de los pies hasta la cabeza.



Ella crea el método Mèziéres que dice: “Los músculos son los responsables de las deformaciones de los huesos y las articulaciones (a excepción de fracturas y malformaciones congénitas). Muchos problemas anatómicos se desencadenan por una falta de equilibrio anteroposterior y rigidez excesiva que no permite que el cuerpo tenga una actitud libre y natural. La musculatura se enfrenta a la rigidez y a los acortamientos musculares producido por el dolor, las malas posturas, la bipedestación, etc. dichos acortamientos se instalan principalmente en la cadena posterior del tronco, en los rotadores internos y en el diafragma. Por ello se ha de trabajar sobre las lordosis, incidiendo en toda la cadena muscular de un extremo al otro, evitando las rotaciones internas, e impidiendo el bloqueo diafragmático en inspiración.


Teniendo como base estos principios nace Movimiento Integral, creado por Gloria Martínez, que utiliza la teoría de las cadenas musculares en el trabajo físico obteniendo resultados espectaculares ante dolores repetitivos, crónicos o puntuales. Por ello el trabajo corporal realizado está basado en recolocar el cuerpo hacia su eje, en realizar ejercicios que repercuten en toda la cadena muscular, en liberar la respiración, en aprender a escuchar el cuerpo, a sentirlo, a tomar consciencia del propio esquema corporal adquiriendo una mayor elasticidad, flexibilizando músculos, articulaciones y recuperando el bienestar original en todo el cuerpo.


Aunque Movimiento Integral realiza un trabajo mayoritariamente corporal, también contempla el cuerpo desde una perspectiva sistémica de la persona y tiene en cuenta que detrás de un dolor físico puede haber una tensión emocional que se esté somatizando en esta parte del cuerpo, y si la emoción continúa, el dolor, la patología, volverá a aparecer.


Observemos como todos los bebes al nacer son muy parecidos, tienen la misma forma física, y es durante el crecimiento que las malas posturas, las tensiones, tanto físicas como emocionales, las situaciones de estrés, los miedos, preocupaciones, van presionando toda la musculatura, generando un acortamiento en toda la cadena muscular, apartando a la persona de su forma anatómica natural. Y cuanto más se aleja el cuerpo de su forma natural mayor dolor y/o más patologías pueden aparecer. Cuidar nuestro cuerpo, deshacer las tensiones, recuperar nuestro eje, no solo repercute en ganar mayor salud, también en sentirse mejor consigo mismo.


La tensión emocional se expresa en el cuerpo


vamos a partir de la base que cuando hay un equilibrio entre lo que se cree, se piensa y se hace, no existe dolor. Cuando se realiza una acción, pero inconscientemente no se desea hacer, se genera una tensión en los músculos implicados en ese movimiento, y si esa situación u otra parecida sucede muchas veces la tensión muscular queda crónica, los músculos se acortan y desequilibran toda la cadena muscular generando dolor y con el tiempo una patología ósea.


Como hemos dicho al principio, los músculos son los responsables de los movimientos que realizamos, permiten que podamos andar, estar de pie, dirigirnos hacia un lugar... ¿y si nos dirigimos a un lugar que no deseamos? ¿Cómo responden los músculos encargados de andar? Se tensan, realizan el movimiento con mucha tensión y si seguimos dirigiéndonos hacia donde no deseamos la tensión creará un desequilibrio muscular que afectará a toda la cadena muscular desencadenando una patología, quizás en rodillas, en caderas, en pies, dependiendo de que otras emociones hay detrás.




Caso clínico



Vamos a poner el ejemplo de Ana, una mujer de 45 años de edad que viene a la consulta por mucho dolor al estar de pie y andar. La articulación del dedo grueso del pie izquierdo la tiene muy hinchada, le produce mucho dolor y no puede mover el dedo. Como lleva tiempo con dolor ha acudido al traumatólogo en varias ocasiones. En la primera visita le da el siguiente diagnóstico: Pie con el mal de morton (Enfermedad de los pies caracterizada por un dolor súbito en el área metatarsiana)que le provoca tendinitis. El médico valora que hay un apoyo incorrecto de los pies y la deriva al podólogo para que le realice unas plantillas, creyendo que al corregir la mala posición de los pies se resolverá el dolor.


Ana incorpora las plantillas en sus pies deseando solucionar el dolor y malestar que le impide estar mucho tiempo andando o de pie. Pero el dolor no desaparece, sino todo lo contrario, aumenta y la articulación se inflama. Ya no puede mover el dedo, cada vez está peor y vuelve a realizar una segunda visita con el traumatólogo. En esta visita y después de la exploración, y pruebas médicas recibe el siguiente diagnóstico: Halux rigidus (Artrosis en la articulación del dedo grueso con el pronóstico de que aumentará con el tiempo). El médico le dice que en caso de no soportar el dolor deberá hacer una primera intervención quirúrgica que consiste en limar la articulación, pero le informa que a veces no es suficiente con esta intervención y, en el caso que el dolor continuara, habría que volver a intervenir para fijar la articulación del dedo grueso.


Ana decide buscar otra solución a su problema y, antes de someterse a una intervención, decide probar con el método de Movimiento integral y se pone en contacto conmigo.


En la primera sesión la articulación está muy inflamada y no puede mover el dedo grueso, la cadena muscular está acortada y los músculos directamente relacionados se encuentran muy rígidos.


Se realizan las manipulaciones sobre los músculos acortados y tensos para devolverles su funcionalidad y se trabaja sobre toda la cadena muscular, pidiendo un trabajo de alargamiento global a través de ejercicios guiados. Al finalizar la sesión, la inflamación se ha reducido en un 90% y ya puede realizar pequeños movimientos con la articulación del dedo grueso, aunque todavía siente un poco de dolor.


En las siguientes sesiones se mantienen las mejorías y va recuperando la total funcionalidad en su dedo grueso desapareciendo el dolor.


Si tenemos en cuenta que cualquier tensión tanto física como emocional afecta a la musculatura y a la posición que se adopta, ampliamos el trabajo físico a las posibles tensiones emocionales que pueden encontrarse dentro del dolor.



Los pies sostienen el cuerpo y realizan la marcha. Cualquier dolor en los pies estará relacionado con donde se está apoyando emocionalmente la persona y si este apoyo permite o no avanzar.



Ana se dio cuenta que inconscientemente buscaba un apoyo en una persona que no sabía dárselo y eso no le permitía avanzar. Fue encontrando nuevas formas de apoyarse a nivel emocional y eso se tradujo en que los cambios físicos efectuados se mantuvieran. 



A veces sucede que un dolor físico encierra unas tensiones emocionales, quizás no conscientes, que solo pueden expresarse a través del dolor, y el tenerlo en cuenta permite a la persona, no solo mejorar físicamente, sino también encontrar “un modo de estar en el mundo “, sano y feliz.



Con estas reflexiones, se continuó el trabajo con Ana, que pudo, no solo encontrar el equilibrio y bienestar en sus pies, sino también ir adecuando sus actitudes vitales para encontrar un sostén más positivo en su vida.



He expuesto el caso de Ana, aunque hay muchos casos más que han ido cambiando con el método de Movimiento Integral. Muchas son las personas que han tomado una mayor consciencia de su cuerpo, han evolucionado su postura hacia otra más anatómica, han eliminado dolores musculares y mejorado patologías óseas. Y como todo cambio físico también se expresa en un plano interno, también han encontrado un mayor equilibrio entre sus deseos, sus pensamientos y sus acciones.






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